Personas que a través de los medios adecuados de medición del C.I., presentan entre un 70 y 85 de puntuación, y que además manifiestan dificultades en la conducta adaptativa, que no impiden un buen grado de autonomía en la vida diaria, y que conviven con una buena capacidad, desarrollada o no, de autogobierno, y cuando estas dificultades se manifiestan antes de los 18 años.
Personas diagnosticadas de discapacidad intelectual leve y personas con inteligencia límite, sin causa orgánica conocida, sino déficit e inmadurez, con problemas caracteriales y conductuales, con dificultades de adaptación y que tras una adecuada educación, pueden integrarse adecuadamente en el ámbito laboral, consiguiendo una vida autónoma.
Personas diagnosticadas de inteligencia límite en riesgo de exclusión social, por carecer de recursos personales, sociales y económicos, que les permita acceder a los derechos básicos, quedando como consecuencia de ello, al margen de poder realizar vida independiente, autónoma e integrada en la sociedad.
Jóvenes en situación de riesgo de exclusión social, a causa del bajo nivel de formación básica, que presentan, junto factores actitudinales negativos un bajo nivel de empleabilidad.
Personas con enfermedad mental controlada médicamente y con escasa o nula experiencia laboral.